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ENCONTRA TU DON y ofrecelo al universo
¿Qué es el don?
Tu don es esa capacidad que traés impresa. No se trata de una habilidad aprendida, ni de algo que te enseñaron. Es lo que simplemente “te sale”, lo que podes hacer mil veces sin aburrirte, y te genera alegría cuando lo das, incluso sin reconocimiento.
El don no es una tarea ni un deber: es una vibración que te constituye. Y cuando lo activás, se abre un canal de energía tan poderoso que transforma tu vida y la de los demás.
Tu don es la forma en que el universo se expresa a través tuyo.
Desde la psicología: tu don está en tu zona de flujo, vocación: ese estado donde el tiempo se disuelve, donde no hay esfuerzo, solo presencia y acción.
Cuando lo usas, no necesitas “motivarte” desde afuera. Algo interno te empuja a crear, a hacer. No te cansa, te recarga.
Y si no sabés aún cuál es, la clave está en observar qué actividad une tres cosas:
Te apasiona
Se te da naturalmente
Beneficia a otros
Desde lo emocional: el don enciende tu fuego interno. Aparece el entusiasmo, la inspiración, la sensación de estar “alineado”.
El deseo y la acción dejan de estar separados. No necesitás forzarte. No necesitás fingir. Te volvés generoso, creativo, abundante.
Dar desde el don no agota: expande.
El don no se guarda. Si no se da, se pudre por dentro.
Desde lo energético: activar tu don abre un vórtice creador. En términos vibracionales, tu don es una llave, cuando lo usás, abrís un vórtice energético de interacción con el campo. El universo entero responde a ese movimiento.
Lo que das, vuelve multiplicado. No como premio, sino como eco.
Al activar tu don:
Ganas energía extra
Se activa tu creatividad espontánea
Aparecen oportunidades
Se abren caminos inesperados
Sentís poder real: no el que controla, sino el que emana
Y si estás en un momento de estancamiento, es probable que hayas apagado tu don. O que no lo estés usando como te favorece.
¿Cómo reconocer tu don?
Algunas pistas concretas para identificarlo:
Fijate eso que te destacan siempre, sin que lo busques. Siempre es lo mismo. “Qué bien hacés esto”, “cómo me ayudó eso que dijiste”, “eso que hiciste me inspiró…”
Recorda tu niñez: ¿Qué hacías por placer? ¿Qué juego se repetía?
Observá tu energía: ¿Qué te recarga en vez de agotarte?
Probá: escribí, dibujá, hablá, creá. Sacalo de adentro. Hasta que lo expresás.
Entregalo sin esperar recompensa. El universo siempre devuelve.
Tu don se revela cuando lo ponés en movimiento. No antes.
Don y herramienta para entregarlo
Ejemplo:
Tal vez tu don es crear objetos útiles para embellecer la vida cotidiana.
Y elegís expresarlo como ebanista.
La ebanistería es solo una herramienta. El don es lo que logras hacer usando esa herramienta.
Para expresar tu don podés utilizar la herramienta que más te guste…
Lo importante es no confundir la herramienta con el don.
Dar tu don transforma tu realidad
Cuando ofrecés tu don al universo, tu campo se ordena. Tu energía se afina. Te pones coherente. La clave para todo proceso evolutivo personal.
Y desde ahí todo cambia:
– Tus vínculos se alinean.
– La abundancia llega con naturalidad.
– Te volvés magnético.
– Te sentís completo.
El universo necesita lo que trajiste.
Solo tenés que ofrecerlo con presencia, con amor y sin temor.
Cuando das tu don, no solo sanás vos. Sanás el mundo.
—Querés seguir explorando estos temas?
Leé el libro [La Energía del Nagual Vol. I] donde lo profundizo.



